Somos seres sociales…pero con límites
Estoy segura de que en más de una ocasión has escuchado que las personas somos seres sociales por naturaleza.
Que los seres humanos somos animales sociales es una verdad universal. Las relaciones sociales nos aportan, entre muchas otras cosas, bienestar emocional y psicológico, apoyo y un sentido de pertenencia. Necesitamos estar en interacción con otras personas para sentirnos conectados con el mundo que nos rodea. Sin embargo, hay que tener cuidado al tomar al pie de la letra dicha afirmación ya que no todas las personas vivimos los momentos de socialización de la misma forma.
Aunque la interacción social es una parte crucial de nuestra vida, también supone un esfuerzo y un consumo significativo de nuestra energía. Cuando participamos en cualquier tipo de evento donde debemos compartir tiempo y espacio con otras personas (especialmente si hablamos de reuniones numerosas o entornos muy estimulantes como cenas familiares, fiestas de cumpleaños, conciertos, etc.), nuestro cerebro activa múltiples recursos que nos permiten sostener la interacción. Así se ponen en marcha habilidades y recursos como la atención, la concentración, la interpretación de señales sociales, la regulación emocional, la memoria, las habilidades sociales y de comunicación, etc.
Este proceso, aunque es enriquecedor, también puede ser cognitiva y emocionalmente demandante. Por eso no es extraño que, tras un periodo prolongado de intensa socialización, a menudo aparezca una sensación de cansancio profundo, irritabilidad, saturación mental y necesidad de estar solo y en silencio. Este fenómeno se conoce comúnmente por el nombre de agotamiento o resaca social.
¿Qué es la resaca social?
La resaca social hace referencia a una sensación de intenso agotamiento a nivel físico mental, emocional y sensorial que aparece tras una o varias reuniones sociales o periodos de intensa socialización que han requerido un esfuerzo continuado. No se trata de pereza ni aburrimiento, sino de una respuesta real del sistema nervioso cuando se ha visto expuesto a un nivel de estimulación y demanda social superior al que puede gestionar.
Por ello, es importante no confundir este fenómeno con una sensación normal de cansancio (que puede solucionarse con unas horas de sueño reparador) posterior a una salida social. Cuando hablamos de resaca social hacemos referencia a un agotamiento intenso y prolongado en el tiempo que puede durar horas o incluso días, en especial cuando se han acumulado muchos estímulos a la vez (ruidos, conversaciones simultáneas, luces intensas, olores fuertes, etc.) o cuando la interacción ha sido emocionalmente exigente.
La resaca social a menudo se manifiesta a través de:
- Fatiga intensa (físico y/o mental)
- Irritabilidad
- Apatía
- Sensibilidad aumentada ante estímulos (luces, ruidos, contacto físico…)
- Ansiedad y estrés
- Dolor de cabeza intenso y prolongado
- Tensión corporal
- Dificultad para concentrarse o bloqueo mental
- Necesidad de aislamiento
- Desconexión del entorno
El caso de las personas neurodivergentes
Cualquier persona puede experimentar este tipo de agotamiento intenso y pasar por una “resaca”. Sin embargo, este fenómeno ocurre con más frecuencia e intensidad en personas neurodivergentes, como aquellas con autismo, altas capacidades, TDAH, alta sensibilidad, etc. Esto ocurre porque su sistema nervioso, su forma de procesar la información y sus estrategias de adaptación al entorno social funcionan de forma distinta.
En muchas ocasiones, las personas neurodivergentes presentan un nivel de activación basal del sistema nervioso más elevado. Esto quiere decir que parten de un estado de mayor alerta y sensibilidad, por lo que se saturan antes y necesitan más tiempo para volver a un estado de calma. La recuperación tras un evento social suele ser más lenta y puede requerir periodos prolongados de silencio, descanso o aislamiento.
Además, las interacciones sociales suelen suponer un esfuerzo cognitivo adicional para estas personas. Procesos como entender las señales sociales, modular el lenguaje corporal o seguir la conversación requieren de gran esfuerzo cognitivo, lo que se traduce en síntomas como fatiga, dificultad para concentrarse, bloqueo mental o necesidad de aislamiento.
Otro de los motivos principales de la resaca social en personas neurodivergentes es la sobrecarga sensorial. Estas personas, en su mayoría, perciben los estímulos con mayor intensidad: los ruidos fuertes o constantes, las luces brillantes o parpadeantes, los olores intensos, las conversaciones simultáneas, los espacios abarrotados o los movimientos a su alrededor pueden resultar abrumadores. Situaciones que para otros pasan desapercibidas, en ellos activan su sistema nervioso de una forma mucho más potente e intensa, lo que ocasiona que su energía se agote con mayor rapidez, conduciendo a la persona a la saturación y el agotamiento.
A todo esto, se suman dos fenómenos muy comunes en la neurodivergencia, sobre todo en personas autistas: el camuflaje social y el enmascaramiento. Estos hacen referencia a un conjunto de estrategias que utilizan las personas autistas (o con otro tipo de neurodivergencia) para encajar socialmente en entornos neurotípicos. Camuflarse socialmente implica imitar gestos o expresiones, memorizar “guiones” sociales, suprimir conductas naturales para evitar el juicio social y aparentar comodidad cuando por dentro están sintiendo ansiedad y/o confusión. Mantener esta “máscara social” es un proceso muy costoso que requiere un uso constante de recursos y energía, lo que le convierte en uno de los motivos principales por los que suele aparecer el agotamiento profundo y la resaca social.
Cuidar lo social sin descuidarnos a nosotros mismos
Por todo lo que hemos comentado, es importante comprender que, como ya hemos mencionado anteriormente, la resaca social es algo más que un simple “estoy cansado de estar con gente”. Es una respuesta del sistema nervioso ante una intensa sobrecarga sensorial, cognitiva y emocional que se intensifica en personas neurodivergentes. Comprender este fenómeno y sus mecanismos no solo ayuda a normalizar la experiencia neurodivergente, sino también a desmontar ideas erróneas y reduccionistas como “no les gusta la gente” o “exagera por todo”.
Reconocer este impacto no busca minimizar la importancia de las relaciones sociales, sino encontrar un equilibrio más respetuoso con la neurodiversidad y fomentar el bienestar. Para ello va a ser crucial favorecer espacios de descanso, comprender los límites individuales y permitir que cada persona regule sus interacciones sociales según sus necesidades reales.
En una sociedad que nos pide estar siempre disponibles, recordar que la conexión también requiere pausas puede convertirse en un acto fundamental de autocuidado.
Para profundizar sobre la resaca social y su impacto en personas neurodivergentes, puedes escuchar a la psicóloga Montserrat Guerra hablar de este fenómeno en Onda Cero a través del siguiente enlace: PULSA PARA ESCUCHAR LA ENTREVISTA (MINUTO 49).
Alba Vía Echezarreta
Psicóloga clínica, colaboradora de personasexcepcionales.com
Referencias:
- Cerebros Neurodivergentes y Dificultades en los Estudios. Incluye manual práctico de técnicas de estudio para cada perfil (AACC, TDAH, TEA, DISLEXIA…) y test para identificar sus dificultades de aprendizaje (de 6 a 16 años). https://personasexcepcionales.com/curso/cerebros-neurodivergentes-y-dificultades-en-los-estudios/
- Test ¿Siempre te han molestado ruidos, luces, sabores, texturas… más que al resto de las personas? Puede ser un problema sensorial. https://personasexcepcionales.com/test-psicologicos/test-hipersensibilidad-adultos/
- Cerebro neurodivergente vs cerebro neurotípico. https://personasexcepcionales.com/cerebro-neurodivergente-vs-cerebro-neurotipico/
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- Nerenberg, J. (2024). Mentes divergentes: Cómo vivir en un mundo que no está hecho para ti. Editorial Sirio.
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