En los últimos años, el concepto de enmascaramiento (masking) o camuflaje social ha ganado relevancia dentro del estudio de las neurodivergencias, especialmente en personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), Altas Capacidades (AACC) y TDAH.
Muchas personas neurodivergentes pasan años, a veces décadas, intentando parecer “neurotípicas”. Lo logran observando, imitando y suprimiendo comportamientos naturales. Desde fuera pueden parecer perfectamente adaptadas, pero internamente el coste suele ser enorme.
En este artículo exploramos qué es el masking, cómo se manifiesta en el autismo, AACC y el TDAH, por qué ocurre y cuáles son sus consecuencias más importantes.
¿Qué es el enmascaramiento o masking?
El masking se refiere al proceso por el cual una persona oculta o modifica rasgos neurodivergentes para ajustarse a las normas sociales dominantes.
En términos simples, consiste en adaptar el comportamiento para “parecer más neurotípico”.
Esto puede incluir:
- imitar estilos de comunicación
- ensayar conversaciones
- controlar expresiones emocionales
- suprimir movimientos o conductas naturales
- observar y copiar comportamientos sociales
Muchas personas describen este proceso como convertirse en “detectives sociales”, estudiando constantemente cómo interactúan los demás para poder reproducir esos patrones.
Con el tiempo, estas estrategias pueden volverse automáticas y formar parte de la identidad de la persona.
Masking en el autismo (TEA)
En el autismo, el enmascaramiento suele implicar suprimir comportamientos autistas visibles o compensar dificultades sociales.
Algunos ejemplos frecuentes son:
- forzarse a mantener contacto visual
- reprimir conductas de regulación sensorial (stimming)
- imitar expresiones faciales o gestos sociales
- memorizar “guiones sociales” para conversaciones
- ocultar intereses intensos o hablar menos de ellos
Estas estrategias pueden permitir a la persona pasar desapercibida socialmente, lo que a veces reduce el riesgo de rechazo o estigmatización. Sin embargo, este esfuerzo constante implica una monitorización continua del propio comportamiento, lo que genera un gran desgaste mental.
Masking en AACC
Hace referencia a la tendencia a ocultar o camuflar sus habilidades intelectuales, intereses o formas de pensar para adaptarse al entorno social y evitar destacar. Puede surgir especialmente en contextos educativos o sociales donde la diferencia no es bien comprendida, llevando a la persona a minimizar su curiosidad, esfuerzo o rendimiento para encajar con sus iguales. A largo plazo, el masking puede generar frustración, desmotivación e incluso dificultades emocionales, ya que implica una desconexión entre el potencial real y la conducta observable. Por ello, resulta fundamental que familias y educadores reconozcan estas dinámicas y fomenten entornos seguros donde el desarrollo de las altas capacidades pueda expresarse de forma auténtica.
Masking en el TDAH
Aunque la investigación sobre el masking en el TDAH es más reciente, cada vez hay más reconocimiento de que muchas personas con TDAH también camuflan sus dificultades.
En estos casos, el masking suele manifestarse como intentos de ocultar síntomas como la impulsividad, la distracción o la hiperactividad.
Algunos ejemplos incluyen:
- suprimir la inquietud corporal permaneciendo sentado
- fingir concentración en reuniones o conversaciones
- evitar interrumpir aunque cueste mucho controlar el impulso
- aparentar organización cuando internamente hay caos
- esconder olvidos o dificultades de planificación
Desde fuera, estas personas pueden parecer organizadas o tranquilas, pero mantener esta apariencia suele requerir un enorme esfuerzo cognitivo y emocional.
La delgada línea entre masking y automonitoreo en el TDAH
En el caso del TDAH, existe una frontera muy fina entre el enmascaramiento social (masking) y el automonitoreo saludable. Ambos implican observar y ajustar el propio comportamiento, pero la intención y el impacto psicológico son muy diferentes.
El automonitoreo suele enseñarse como una estrategia útil en el manejo del TDAH. Consiste en desarrollar una mayor conciencia sobre lo que uno está haciendo o sintiendo para poder tomar decisiones más intencionales: por ejemplo, notar que se está interrumpiendo mucho en una conversación y decidir hacer una pausa, o darse cuenta de que la atención se está dispersando y utilizar una técnica de regulación. En este contexto, el monitoreo interno funciona casi como un “entrenador interno”, que observa con curiosidad y ayuda a ajustar la conducta sin juicio.
El problema aparece cuando ese monitoreo se vuelve hipervigilante y crítico, algo que ocurre con frecuencia en personas con TDAH que han recibido durante años mensajes negativos sobre su comportamiento (“eres despistado”, “hablas demasiado”, “no te controlas”). En ese punto, el automonitoreo deja de ser una herramienta de autorregulación y se transforma en masking: un esfuerzo constante por ocultar rasgos del TDAH para parecer “más normal”.
La diferencia clave está en cómo se siente la persona.
- El automonitoreo saludable genera autoconocimiento y autonomía.
- El masking suele generar agotamiento, vergüenza y sensación de desconexión con uno mismo.
Por eso, en el acompañamiento psicológico de personas con TDAH, uno de los objetivos suele ser transformar ese monitor interno severo en uno más compasivo, que permita adaptarse al entorno sin necesidad de ocultar constantemente la propia neurodivergencia.
¿Por qué las personas neurodivergentes enmascaran?
El masking no suele ser una decisión consciente al principio. En muchos casos se desarrolla desde la infancia como estrategia de supervivencia social.
Entre las razones más comunes están:
1. Evitar rechazo o bullying
2. Cumplir expectativas sociales
3. Buscar aceptación social
4. Falta de diagnóstico temprano
El caso particular de mujeres y niñas
El masking es especialmente frecuente en mujeres y niñas neurodivergentes. Esto se debe en parte a que las normas sociales sobre el comportamiento femenino suelen exigir mayor sociabilidad, empatía aparente, regulación emocional y adaptación social.
Como resultado, muchas niñas aprenden a imitar comportamientos sociales desde muy temprano, lo que puede ocultar sus rasgos y retrasar el diagnóstico. Este fenómeno explica por qué muchas mujeres reciben diagnósticos de TEA, AACC o TDAH mucho más tarde que los hombres.
Consecuencias psicológicas del masking
Aunque el enmascaramiento puede ayudar a evitar conflictos sociales a corto plazo, mantenerlo durante años tiene efectos importantes.
Entre las consecuencias más frecuentes se encuentran:
- Agotamiento mental y emocional: El esfuerzo constante por monitorizar la conducta genera una gran fatiga social.
- Ansiedad y depresión: Los estudios muestran una relación entre altos niveles de masking y mayor presencia de ansiedad y depresión.
- Crisis de identidad: Al actuar constantemente desde una versión editada de uno mismo, algunas personas llegan a sentir que no saben quiénes son realmente.
- Aislamiento social: Cuando el esfuerzo de mantener la máscara supera los beneficios, muchas personas terminan retirándose de las relaciones.
Consecuencias físicas del masking
El impacto del masking no es solo psicológico. Mantener un estado continuo de vigilancia social puede activar de forma crónica el sistema de estrés del cuerpo, generando síntomas que a menudo se interpretan como estrés inespecífico, cuando en realidad pueden estar relacionados con años de camuflaje social.
Masking y diagnóstico tardío
Una de las consecuencias más importantes del masking es que puede ocultar señales clínicas clave, dificultando el diagnóstico de autismo, AACC o TDAH. Esto puede provocar que muchas personas reciban diagnósticos incorrectos, como:
- ansiedad
- depresión
- trastornos de personalidad
Sin abordar la raíz neurodivergente de sus dificultades.
¿Es posible dejar de enmascarar?
Desenmascararse no significa dejar de adaptarse socialmente, sino reducir la autoanulación y aumentar la autenticidad.
Algunas estrategias útiles incluyen:
- identificar en qué situaciones aparece el masking
- explorar necesidades sensoriales y emocionales propias
- crear espacios seguros donde poder ser auténtico
- trabajar la comunicación asertiva
- buscar apoyo terapéutico especializado en neurodivergencia
El objetivo no es eliminar toda adaptación social, sino poder elegir cuándo adaptarse y cuándo mostrarse tal como uno es.
Desde el gabinete se ofrece tratamiento psicológico especializado en masking en personas con TEA, AACC y TDAH, tanto en modalidad presencial como online. El programa está estructurado en cuatro sesiones focalizadas, diseñadas para ayudar a la persona a comprender su propio patrón de camuflaje social y desarrollar formas de adaptación más saludables.
El trabajo terapéutico suele centrarse en:
- Identificar patrones personales de masking y los contextos donde aparece con mayor intensidad.
- Diferenciar adaptación social saludable de autoanulación.
- Reconectar con necesidades sensoriales, emocionales y cognitivas propias.
- Desarrollar estrategias de regulación y comunicación más auténticas.
- Reducir la autocrítica y el agotamiento asociados al esfuerzo de camuflaje.
Reflexión final
El masking es una estrategia compleja: puede proteger a corto plazo, pero también generar un gran coste a largo plazo.
Comprender este fenómeno es fundamental para:
- mejorar el diagnóstico de TEA, TDAH y AACC
- apoyar mejor a las personas neurodivergentes
- crear entornos más inclusivos
En última instancia, la solución no consiste en enseñar a las personas neurodivergentes a camuflarse mejor, sino en construir una sociedad donde no tengan que hacerlo para ser aceptadas.
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Rosalía García Ortiz
Psicóloga clínica
Personas Excepcionales