Las diferencias sensoriales no se manifiestan igual en todos los niños. A veces son muy evidentes y otras quedan escondidas detrás de conductas que parecen no tener relación entre sí.
Se tapa los oídos con secadores, aspiradoras, petardos, timbres, gritos o ruidos inesperados.
Rechaza etiquetas, costuras, determinados tejidos, calcetines, zapatos o prendas que “le molestan”.
Evita pintura, arena, plastilina, barro, espuma o actividades en las que pueda mancharse.
Come un repertorio muy limitado porque rechaza determinadas texturas, olores, temperaturas o mezclas.
Busca saltar, correr, girar, chocar, trepar o moverse constantemente, incluso cuando se espera que permanezca sentado.
Se distrae con cualquier ruido del aula, movimiento cercano o estímulo visual y le cuesta volver a la tarea.
Después de fiestas, centros comerciales, celebraciones o días muy intensos termina irritable, agotado/a o desbordado/a.
Parece no darse cuenta de que tiene las manos sucias, la cara mojada, la ropa torcida o pequeños golpes que otros niños notarían enseguida.
Le cuesta tolerar que le corten el pelo o las uñas, le laven la cara, le cepillen los dientes o le peinen.
Puede reaccionar con intensidad ante cambios aparentemente pequeños del entorno: una luz, una canción, un olor o la proximidad de otras personas.